Todo comenzó un día en el que leí que andar en bicicleta era bueno para ejercitar las articulaciones de las rodillas. Yo había dejado de correr por que me lastime una rodilla bailando ska... y ya que hay una caminata a finales de Abril en mi Facultad, dije pues igual y si ando en bici me sirva de entrenamiento y se corrija la rodilla (de cualquier forma iré a mi clínica de deporte más cercana).
Después de eso empecé a buscar el modelo de bicicleta que más me convenía, yo quería una súper fashion (en palabras de un amigo) turquesa con floresitas, pero se agoto,pero como soy algo impaciente, y vi otro modelo que me gusto, con suspensión delantera y trasera y toda la cosa, pues la compre.
Originalmente iba ir a comprar la bici un sábado, o esperarme dos semanas haber si volvían a hacer el modelo que yo quería, pero como un día tenía tiempo libre dije pues si no es hoy no es mañana, y fui a una tienda que está en Tepepan, no sé por que se me ocurrió ir hasta allá si hay una más cerca de mi casa. Según para ir a visitar a mi abuela, al fin que según yo no está tan lejos.
Después de que en la tienda ajustaran la bicicleta me fui rumbo a la casa de mi abuela, pero como soy una chica impulsiva, ese día ni traía ropa adecuada para andar en bicicleta, traía una falda (larga y cómoda), pero aún así fue algo raro ir en la bici con esa clase de prenda. La verdad es que la mayor parte del camino fui caminando, por que tenía que pasar por una calle muy estrecha y me daba un poco de miedo compartir la calle con los autos; aunque eso sí, cheque en Internet la mejor ruta para nadar en bicicleta desde Tepepan hasta mi destino.
Y pues bien que mal no fue tan difícil como me imagine, sólo que uno que otro barbaján me chifló en el camino (supongo que es muy raro que alguien use falda, y más cuando usa bici). Había perros sueltos, aunque no me persiguieron, y coches en doble fila mal estacionados. Pero me fue muy bien por que no me caí.
Como me quede un buen rato en casa de mi abue, y ya era algo tarde para regresar a mi casa decidí dejar ahí la bici, al fin que luego mi papá podría ayudarme a llevarla en su coche (no es que sea floja, sólo fue por razones de seguridad).
Cerca de mi casa hay un parque, así que casi diario he ido ahí a entrenar con la nueva bicicleta, es muy cómodo tener todo el espacio del mundo. Lo que más me gusta es subir por lugares empinados, y sobre todo las bajadas, la vista del lugar, por que ese parque tiene vegetación de pedregal.
El primer día que fui a la bicicleta al museo correspondió a uno festivo, es decir casi no había coches al no haber clases. El trayecto no se me hizo difícil, hasta que llegue al crucero que está entre Avenida Aztecas, el Imán, y Delfín Madrigal. Me ponía un poco nerviosa por que pasan muchos coches por ahí. Aunque ya me había hecho una idea de como cruzarlo, me sentía un poco nerviosa. Pero llego un amigo ciclista que también trabaja en el museo, y nos fuimos juntos al trabajo. Ya no me tuve que preocupar cómo cruzar esas calles, por que lo fui siguiendo. Además ni sabía en donde estacionar mi bici, pero gracias a él averigüé con precisión esa clase de detalles.
Ese muchacho fue muy importante en mi decisión de volverme ciclista ya que él tiene ya un rato en eso (como dos años) él no es profesional ni nada de eso, simplemente lo hace por gusto a hacer ejercicio, aunque según él ir en bicicleta no es su máximo, y ya no le emociona tanto, la verdad es que a mi me fascina la idea de que él sea ciclista, y que yo ahora también lo soy.
Supongo que es un pequeño paso hacia una vida más sana, reducir las emiciones de carbono, un cambio en mi forma de transportarme, una manera de aumentar mis endorfinas, combatir la depresión, el insomnio y el mal humor.
En fin ese día en el trabajo estuve de muy buen humor, con los brazos algo cansados. Sé que es raro, yo y mi amigo esperábamos que me dolieran un poco los muslos o las pantorrillas, pero me dolían un poco los brazos.
Cuando ya iba de regreso a casa, me metí mal por una calle y fui en sentido contrario al tráfico, me sentí algo asustada, pero los automovilistas se hicieron a un lado para que yo pasara y fueron muy amables, ya tengo mejor estudiada mi ruta y no volveré a hacer algo tan torpe (espero :p), pero como era una calle corta, llegue rápido al flujo normal. Pasar el crucero ya no me asustaba. Así que ya fue sencillo. Sólo que para no tener que ir por una avenida principal me fui por unas calles secundarias, y me perdí, pero como dice el dicho "Preguntando se llega a Roma" pedí indicaciones y me dí cuenta que no estaba tan perdida.
Otro día que fui al trabajo se me ocurrió ir a eso del medio día en bicicleta. Andar con tanto sol se me hizo algo pesado, y eso que traía una gorra y mis lentes oscuros. Me canse más de lo normal, pero estuvo divertido, supongo que es bueno entrenar con diferentes intensidades de sol, en lo personal mi momento favorito del día es en la tarde (y según varios estudios es cuando tenemos la máxima eficiencia cardio respiratoria y mayor fuerza muscular). De regreso me tocó pasar junto a una rata atropellada, uffff olía horrible, pero no había de otra, ¡ni modo que fuera en bici por la banqueta con tal de esquivarla!
Hasta el momento me ha tocado compartir la calle con automovilistas muy amables, que me dan el paso, y respetan mi distancia, no tratan de rebasarme. Tal vez sea por la zona en la que voy en biclicleta, o por que he tenido suerte, o son personas consientes. Sea lo que sea hasta el momento, a mis casi dos semanas de haber comprado esa bicicleta he tenido experiencias positivas.
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